Luis Buñuel
Usualmente no se piensa en Luis Buñuel como un cineasta realista o documentalista, pero Las Hurdes representó una excepción a la heterodoxia que hasta ese momento lo caracterizaba. Después de haber rodado verdaderos baluartes del surrealismo, el director español dejo los argumentos incomprensibles, las metáforas rebuscadas y las manifestaciones de subconscientes pervertidos para plasmar un documento tan descarnado que raya en lo inverosímil.
Bastó media hora de duración para demostrar que podía rehacerse a sí mismo y que no dependía de planteamientos extravagantes para atiborrar las salas de cine. Sólo estampó la realidad. Hechos que siempre habían estado ahí pero que nadie se había tomado la molestia de documentar porque resultaban incómodos.
El filme fue tendencioso para muchos, un mero acto propagandístico que buscaba demeritar a Francisco Franco y enaltecer el comunismo. Sobre todo por la descarada manipulación que hizo en algunos pasajes. Pero creo que sus intenciones estaban por encima de algo tan humano como las convicciones políticas: logró dotar al reportaje de un impacto, de un hiperrealismo, hasta ese momento inédito.
La idea central fue acentuar la miseria de una región de Extremadura denominada “Las Hurdes”. Y la verdad de las cosas es que resulta difícil de imaginar, ya no digamos asimilar, la cantidad de desgracias que asolaban a su comunidad. Se trata de familias enteras, almas en pena más que seres humanos, que convivían con la inanición, las enfermedades, la muerte... la pobreza en su nivel más atroz. Luis Buñuel fue particularmente virulento en la manera de trasmitirlo. No fue condescendiente sino incisivo y se regodeó con los decesos y la adversidad.
Es difícil saber si las experiencias adquiridas en la filmación de “Tierra sin pan” causaron algún tipo de secuela en el director español. Recuerde usted que una de sus constantes fue mostrar a las clases desprotegidas como seres despreciables más dignos de odio que de lástima.


